Antonia Gonzalez, Gastón Sanchez, Luara Mateu y Tortell Poltrona, el autor de este diario, han estado durante dos semanas en Ucrania. El objetivo era continuar con el proyecto iniciado a finales del 2025: llevar la risa y momentos de juego a la infancia atrapada en medio de la guerra. Entre nevadas, carreteras de hielo y centros devastados por la violencia vivida, el equipo ha demostrado que el arte y la complicidad pueden transformar la angustia en instantes de felicidad.
Este es un recorrido resumido de su viaje.
La llegada, 23 de febrero del 2026
Casualmente, hoy hace exactamente 33 años que salí de casa para ir con Montserrat y mi hijo Blai hacia Sabudrija, en Yugoslavia, y comenzar esta aventura que es Payasos Sin Fronteras. En aquel viaje, me impresionó la determinación de la gente: para ellos, la dignidad era más importante que la vida. Ahora, veo ucranianos por todas partes que, a pesar de las dificultades y más de 150.000 muertos, intentan vivir una vida lo más “normal” posible. Nos explican que en la ciudad de Krakoff hay 12.000 niños escondidos bajo la amenaza de drones y misiles; nosotros los visitaremos.

Lviv, 25 de febrero
Salimos con una Mercedes Bito alquilada por el equipo técnico, con un conductor que solo habla ucraniano. Fuera nieva y el tráfico es lento. Al día siguiente de 25 horas de viaje, hacemos la primera función: nada más bajar de la furgoneta, la jefa del centro, una mujer pelirroja, me abraza emocionada. Empezamos con puntualidad eslava y la función fluye: Luara con un conejito, Gastón con una pelota, y Antonia y yo interactuando con el público. Lo rematamos con fotos espectaculares, los niños nos las piden. La segunda función con adolescentes es igual de intensa; el parasimpático se dispara y el equipo funciona como un engranaje perfecto. Nunca olvidaré las caras de felicidad de los niños y sus familiares.

Zytomir, 26 de febrero
Hoy hace 33 años que esta aventura comenzó, desde la primera actuación en los campos de refugiados de Veli Jôze. ¡Felicitémonos! Aquí seguimos, ahora en Ucrania, las expediciones no se detienen.
Los ucranianos dicen que es el peor invierno en 25 años: parques con 30-40 cm de nieve y aceras con montones de hielo sucio. La primera actuación es con unos 80 niños en una sala de 25×25 m. Los niños, adolescentes y maestros nos tratan como artistas de rock’n’roll. Al final, salimos corriendo porque la función se ha adelantado por precaución con los suministros. La directora de Rokada, la ONG con la que trabajamos como contraparte local, nos recibe con amor y agradecimiento constante: “No sabemos cómo agradecer que vengáis a hacer esto en un país en guerra, no sabéis el bien que hacéis”.

Vchoraishinsky, 28 de febrero
Campos blancos interminables y una sala de 300 personas a solo 5 °C. Encienden una enorme estufa de leña para nosotros. Al terminar, la Petita Lu explica en ucraniano: “Somos un grupo de comediantes que hemos venido desde Barcelona para pasar un buen rato con vosotros”. El alcalde agradece nuestra visita y destaca la importancia de mantener la vida viva, a pesar de la guerra.
Un pueblo pequeño nos recibe con flores y el calor humano del equipo de la ONG Rokada, la contraparte con la que trabajamos en Ucrania. Nos apresuramos para transformar el frío y hacer lo que sabemos hacer: ser payasos que cambian el miedo por risas y complicidad. En esta actuación también está el alcalde de Vchoraishinsky, que nos explica cómo, incluso en tiempos de guerra, momentos como estos espectáculos demuestran que la vida continúa.

Chervonograd, Radekhiv y Lviv, 2 y 3 de marzo
Actuamos y la infancia responde con curiosidad y energía. Algunos hacen torsiones como si dirigieran la orquesta, otros ríen con nuestro teatro de proximidad. En Lutz, más de 350 personas nos esperan en un gran teatro; el espectáculo funciona como un puente entre realidad y fantasía, donde infancia y adultos pueden ser felices aunque solo sea por una hora.

Lviv y alrededores, 6 y 7 de marzo
Realizamos funciones con grupos pequeños, de menos de 30 niños y niñas, y otras con unos 350. Cada actuación revela las diferencias de energía entre niños, niñas y adolescentes. Pensando en cuántos tienen al padre en casa, o cuántos se acostarán con la duda de si mañana seguirá vivo… Cuando lo pienso, nuestro trabajo cobra un sentido profundo. Todo pende de un hilo, mientras el mundo parece pendiente de decisiones absurdas y violentas. Pero aquí, con la infancia, cada gesto de complicidad nos parece un acto de resistencia.

De vuelta, 8 de marzo
Después de 18 funciones y cientos de kilómetros por carreteras heladas, volvemos a casa. El equipo ha demostrado una profesionalidad y generosidad increíbles. No sé cuándo terminará la guerra, pero sé una cosa: los ucranianos que conozco valoran más la dignidad que la vida. Las risas, abrazos y gestos de complicidad que hemos compartido serán siempre un recuerdo de que la humanidad y la solidaridad siempre encuentran la manera de brillar, incluso en medio de la guerra.

«A través del arte y el humor, en Payasos Sin Fronteras recordamos que la guerra puede intentar apagar vidas cotidianas, pero la humanidad y la dignidad siempre encuentran la manera de brillar«
Tortell Poltrona