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Sonrisas en medio de 45º (Chad 2026)

Chad es uno de los principales países de acogida de personas refugiadas en África central. Según ACNUR, más de 1,8 millones de personas viven desplazadas forzosamente, muchas de ellas procedentes de conflictos en países vecinos como Sudán.

Los campos de refugiados, situados principalmente en el este del país, acogen a población que ha huido de la violencia y de situaciones extremas de desplazamiento forzado, separaciones familiares y falta de seguridad. Muchos asentamientos están al límite de su capacidad y presentan necesidades urgentes de alimentación, salud, educación y protección, con una gran proporción de niños y niñas.

La guerra en Sudán iniciada en abril de 2023 ha agravado la situación: más de 553.000 personas han cruzado la frontera hacia Chad, el 86 % de las cuales son mujeres y niños. Muchas familias proceden de zonas como Darfur, en un contexto de violencia extrema y grave riesgo para la población civil.

Ante esta realidad, la infancia es una de las prioridades de las intervenciones: niños y niñas que viven en campos de refugiados y que necesitan espacios seguros, apoyo emocional y acceso a momentos de juego y socialización.

Tres artistas voluntarios de nuestra organización, Maité Esteban, Prisca Salvadores y Moi Queralt, han participado en una expedición de aproximadamente 10 días en distintos campos de refugiados de Chad, en coordinación con ACNUR y otros actores humanitarios.

Durante este periodo se llevaron a cabo actuaciones dirigidas principalmente a la infancia refugiada sudanesa, en un contexto de gran vulnerabilidad humanitaria.

En este texto, Maité Esteban explica cómo ha vivido la expedición, compartiendo el trabajo realizado junto con Prisca Salvadores y Moi Queralt como payasos voluntarios.

Imagen de la expedición al Chad (2026).
Los payasos voluntarios cogen un vuelo humanitario entre campos de refugiados.

Las jornadas pueden resumirse en condiciones muy concretas: temperaturas en torno a los 45 grados, desplazamientos a campos de refugiados en zonas remotas y actuaciones ante miles de niños y niñas en diferentes espacios. En cada función, el contexto inicial era similar: espacios abiertos, un círculo de público y nosotros preparando la actuación. Las primeras reacciones del público solían ser de desconfianza o incertidumbre, especialmente en los adultos, y de curiosidad en la infancia. El tiempo de montaje era limitado y las funciones se adaptaban a cada situación. Una vez comenzaba el espectáculo, la dinámica se transformaba progresivamente y la interacción se iba construyendo a través de los gags y la participación directa.

Con el desarrollo de las funciones, el público pasaba de una actitud inicial de observación a una participación activa. Se generaba una respuesta colectiva de risa compartida e interacción entre personas que, según nos explicaban los equipos de ACNUR, en muchos casos no estaban acostumbradas a reír juntas en un espacio público. Al final de cada actuación, era habitual que muchas personas se acercaran a saludarnos o buscaran prolongar la interacción antes de nuestra salida del campamento.

Imagen de la expedición al Chad (2026).
Antes de una de las primeras expediciones en los campos de refugiados.

Hay dos momentos que tengo especialmente presentes. El primero es el comentario de Ernest, responsable de ACNUR en Chad, después de una de las funciones: “Hoy he visto la función, estaba detrás del público y no podía creer lo que veía… ¡Estaban todos riendo! Todos juntos, riendo, ¡esto no había pasado nunca! Nosotros podemos darles agua, comida, medicamentos… Pero lo que habéis conseguido hoy es increíble. Por eso tenéis que volver”. El segundo momento se produce al final de una función, cuando un voluntario participante en escena se acerca a mí y me dice: “Thank you, I’m happy!”.

Vuelvo de esta expedición con la constatación del contexto extremo en el que viven estas comunidades y de las condiciones de los campos, y con la certeza del lugar que pueden ocupar los espacios de juego y encuentro en este entorno, aunque sea por unos minutos. Lo que queda de estos días es la realidad de los campamentos y la respuesta de la infancia ante los espectáculos en medio de este contexto.

Maité Esteban
Payasa voluntaria de Payasos Sin Fronteras

Imagen de la expedición al Chad (2026).
Durante un espectáculo en los campos de refugiados.

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