Por José Antonio González, payaso expedicionario en Chile
Un equipo de payasas y payasos voluntarios hemos estado de expedición en la región del Biobío, en Chile. La zona fue afectada a principios de 2026 por incendios forestales que arrasaron con casas, escuelas y las vidas de los vecinos del lugar. Con esta expedición, los artistas hemos comprobado cómo, a pesar de los kilómetros, hay distancias que parecen cortas. Este es un resumen de esta expedición de narices rojas, que tenían por objetivo germinar sonrisas allá donde antes hubo cenizas.

Expedición a Chile (2026). Autoría: Zelva Producciones.
El grupo expedicionario compuesto por Natalia Rammsy (Chile), Pancho Varela (Chile), Bastian Loyola (Chile), Lula Celeste (Argentina) y un servidor (José Antonio González, de España), hemos forjado un brígido* grupo humano para actuar para la infancia afectada por los incendios.
*En el habla popular de Chile, brígido (o brígida) es un modismo juvenil que se usa para calificar algo o a alguien como intenso, fuerte, peligroso, impactante o difícil de creer.
Decía antes distancias cortas porque, a pesar de los miles de kilómetros que nos separan en nuestro día a día y el hecho de no conocernos ni haber trabajado antes juntas, cuando nos conocimos en el aeropuerto y nos abrazamos por primera vez, se creó una gran familia payasa. Esa corta distancia familiar que te hace relajarte y dejarte llevar con la confianza de que nada puede salir mal.
Llegamos a una tierra dañada y herida. Devastada por los incendios que en enero arrasaron las comunidades de Penco, Lirquén y Punta Parra. Cientos de hectáreas arbóreas fueron calcinadas, a causa de los incendios forestales que ocurrieron en el invierno chileno, a principios de año. Casas, colegios, animales y vidas humanas también lo sufrieron.
Los incendios dejaron tras de sí la sombra del dolor y la sospecha de la intencionalidad, alimentada por el fantasma de los intereses sobre las tierras raras. Según el testimonio de profesores y directoras de las diferentes escuelas donde actuamos, estas tierras siempre tienen muchos pretendientes, con proyectos que se alejan a su preservación natural.

Expedición a Chile (2026). Autoría: Zelva Producciones.
Hemos llegado a más de 2.000 niñas y niños en un total de 16 espectáculos, sacando carcajadas que hacían caer a la infancia (literalmente) de espaldas. Nos acompañaban con las palmas. Después de cada espectáculo, íbamos viendo la transformación sanadora en sus caras, viendo el regreso de su inocencia.
Bastian, y su personaje payaso llamado Guachis Norris, es un virtuoso de la rueda y los malabares. Lula es la mejor animando, con los hulahoops y sus gags. Pancho y su payaso Moñito daba color con sus acrobacias, y Natalia, con su personaje Pataleta, que es sensible y tierna, conectaba con la infancia con su juego de campanas musicales. Yo, con mi personaje Yusepo, creaba asombros con trucos de magia. Todos actuamos desde el payaso y la payasa que nos habita.
Éramos oídos y receptores de historias. Artistas que recibíamos los testimonios de miedo y frustración de personas que vivieron aquella terrible catástrofe. Nos comentaban que encontraban en nosotras la seguridad y la confianza que hacía tiempo que no sentían.

Expedición a Chile (2026). Autoría: Zelva Producciones.
Cuando más tocamos la realidad de lo ocurrido fue en el espectáculo en la cancha Geo Chile. Este lugar sirvió de refugio para muchas familias que, escapando de las llamas, dieron con él y se pudieron refugiar. Hoy en día, este espacio se ha transformado en un espacio comunitario. Un lugar donde compartir risas, música y baile. Es paradójico que en un mismo lugar se vivieran dos escenarios tan diferentes, y que sirva ahora para empezar una reparación emocional.
Quiero destacar una de entre tantas anécdotas que vivimos. En uno de los colegios, tras la función, una niña de unos 10 años se nos acercó a preguntarnos con curiosidad. La profesora que estaba junto a ella reaccionó con asombro, lo cual nos llamó la atención. Nos explicó que esta niña no había hablado nunca. Era la primera vez que escuchaba su voz, preguntando curiosidades sobre el espectáculo que acababa de vivir. El poder que la risa puede llegar a generar es inmenso.
En ocasiones no somos conscientes de la trascendencia que nuestras intervenciones tienen tanto para la infancia como para mayores, pero esta vez, Chile y su gente nos han enseñado grandes lecciones de reconstrucción, resiliencia y coraje, así como una de las experiencias más bonitas de nuestras vidas.
